DESMANES Y MASACRES DESGRACIADAMENTE HUMANAS DE LAS QUE DEBERÍAMOS CONCIENCIARNOS

por Celso Vázquez

El humano modela el mundo pero…

Muchas veces el hombre en su labor de enfrentarse a su desarrollo y crecimiento demográfico ha ido readaptando la tierra y su fauna silvestre a su interés y uso. Y con ello ha cometido grandes crímenes contra la Naturaleza animal salvaje. Lamentable.

Pero, como no es lógico ni lícito juzgar tiempos anteriores con parámetros y juicios actuales, lo hecho, desgraciadamente, hecho está.

También es cierto que la inmensa mayoría de sus actos han sido positivos transformando un mundo cerrado, cruel, salvaje y primitivo donde no podría crecer y hoy haber más de siete mil millones de humanos en nuestro planeta. Y como dice la declaración Universal todos con derechos.

La creación de la agricultura y su expansión, también, con sus peros pero muchos más pros, y el de la ganadería domesticada, que ha hecho multiplicar por millones estas especies, mamíferos como el cerdo, la vaca, ovejas, cabras, conejos, cuis, etc.  o aves como gallinas, codornices, pavos, etc. han logrado mucha parte de ello.

Es cierto que es discutible mucha parte de ello. Pero lo que si está claro es que el humano cada vez es, en el actual mundo occidental, más consciente de la real situación y que debe refrenar sus, a veces, ganas de exterminio y fomentar, como de hecho es ya hoy, una convivencia respetuosa con otras especies, incluso, no solo por justicia, sino por su propio interés al vivir en un mundo más equilibrado y sensato.

Sobre este tema leí hace unos días un interesante y concientizador de mi amigo, Ramón J. Soria, escritor centrado del ámbito rural y social bañado con chispas culinarias y sensuales. Donde nos hace una literaria conexión en un juego de palabras entre BARbos y BISONTES.

Les dejo con él.

«BARBISONTES»

Torre de cráneos de búfalos, Oeste estadounidense, década de 1870

«No deja de sorprendernos la fotografía (torre de cráneos de búfalos, Oeste estadounidense, década de 1870). No por lo que muestra sino por lo que imaginamos.

La abundancia nos parece infinita. Creemos que lo común es inagotable. Cuentan que cuando pasaban los bandos de palomas en las Carolinas por encima de los pueblos se oscurecía el cielo durante horas. Pero la paloma migratoria se extinguió en Norteamérica en 1900. Durante todo el siglo XIX se cazaron de forma industrial para vender su grasa, su carne enlatada y sus plumas. Había tantas que se hacían con ellas piensos para alimentar a los cerdos. Eran la carne barata con la que se alimentaban los pobres mientras algunos hacían negocio.

Más o menos como la carne de bisonte que se cazaba al principio para vender su piel, luego con su carne se alimentaba a los chinos y demás proletariado que trabajaba en el ferrocarril y al final se recuperaban las osamentas abandonadas por las praderas para triturarlas y hacer abono. A finales del siglo XIX quedaban menos de mil bisontes en todo Norteamérica.

La abundancia nos parece infinita. Creemos que lo común, lo fácil, lo cercano es inagotable.

Durante todo el siglo XIX, en Extremadura, los barbos, las bogas y las anguilas se vendían en todos los mercados. Eran, junto con el bacalao, el pescado que podían comprar y comer los pobres o pescar con facilidad en cualquier río o arroyo.

Me contaron los últimos pescadores profesionales con licencia del río Tiétar que un día, finales de los años cincuenta del siglo XX, atraparon con sus redes trescientos kilos de bogas, de cien a ciento cincuenta kilos,  era lo habitual. Decían que cuando las bogas remontaban el río no se veía el fondo, «todo era una alfombra viva y oscura».

Hoy casi ningún pescador deportivo se lleva un pez de río para comer, sin embargo la anguila se puede dar por extinguida.

La colmilleja, el barbo común y la boga de río son tres especies “en situación vulnerable o en extinción en las aguas de Extremadura” según los últimos estudios.

Esta vez no ha sido la pesca indiscriminada sino las barreras, los embalses, la contaminación del agua, su extracción hasta secar los ríos y las especies exóticas (invasoras) que depredan sus puestas y alevines.

No me parece menos espectacular o menos “valioso” un barbo que un bisonte. Lo abundante, lo común, lo cercano, lo fácil: abejorros, vencejos o bermejuelas; encinas, boletus o posidonias forman parte de una delicada trama pocas veces comprensible en toda su importancia y dimensión ecológica.

Un espacio, en el que también estamos nosotros, un bicho más, no menos frágil, no menos proclive a la extinción que la paloma migratoria de Carolina aunque algunos sueñen con salvarse, subirse a un cohete y repoblar Marte.

por Ramón J. Soria.

Escritor y antropólogo especializado en alimentación y cocina pasional, rural y silvestre.

Curioso viajero nómada y relator de cuentos y novelas gastroardientes.

Recomendamos:

* Los dientes del corazón.

* El barco caníbal.

* Los Ríos salvajes.

NOTA de El Trotamanteles:

Las fotos restantes corresponden a sacrificios masivos periódicos en Nepal, impensable matanza de mascotas en el París de 1980, matanza anual de delfines Calderones en las islas Feroe y la matanza también anual de focas en Namibia,  como ejemplo del comportamiento desaprensivo del hombre.

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