EL ARTE DE PREGONAR PESCADO

por Celso Vázquez

Areal el plato! Bokarta bixi-bixia, bokarta! Txardiña merke, ederra ta fresku freskua!’

Este tipo de frases, lanzadas a voz en grito y alternadas con algún improperio que otro, formaron parte del paisaje acústico donostiarra durante siglos.

Concurso de pregoneras en la plaza de la Constitución de Donostia. / PASCUAL MARÍN, 1930. KUTXATEKA

Las vendedoras de pescado recogían la mercancía a primera hora y se pasaban la mañana voceando por las calles, gritando las excelencias del producto que llevaban en una cesta sobre su cabeza. Las potenciales compradoras se asomaban a la ventana, preguntaban a la pregonera el precio de lo que querían y a continuación se sucedía un tira y afloja entre ellas, un largo e ingenioso regateo al final del cual debían quedar satisfechas tanto la que vendía como la que compraba.

Hasta finales del siglo XIX este intercambio oral fue casi obligatorio para quien quisiera comer pescado. Las arraysaltzales –así se escribía entonces– o voceadores de pescado siempre pedían de más y los clientes siempre ofrecían de menos: a nadie se le ocurría que la merluza o los txipirones tuvieran que tener un coste fijo. Se aceptaba que este podía cambiar a lo largo del día dependiendo de la cantidad disponible, de la necesidad de las amas de casa o del talento negociador de la pregonera.

Sardinera en torno a 1910. GureGipuzkoa CC BY-SA.

Para triunfar en el oficio había que contar con buenas piernas, voz potente, facilidad de palabra y algo de descaro, cualidades que al igual que las mismas arraysaltzales se fueron perdiendo con la llegada de los mercados cubiertos y los puestos fijos de venta.

Para honrar la tradición y rendir justo homenaje a estas singulares trabajadoras en vía de desaparición se organizó el 5 de agosto de 1930, en el marco de la Semana Vasca, el primer concurso de pregoneras de pescado de San Sebastián.

Fue una idea tan atractiva y pintoresca que no solo fue recogida en periódicos de toda España (Estampa, Heraldo de Madrid, La Vanguardia, La Voz…) sino que los bilbaínos la copiaron apenas 13 días después, restringiéndola únicamente a sardineras, y luego hubo versiones en Santander, Llanes o Santurce. En el concurso de Donostia participaron seis pregoneras que se subieron por turnos a un escenario en medio de la Plaza de la Constitución. Desde un balcón les preguntaba, contestaba y rebatía una supuesta compradora mientras el jurado tomaba nota del remango y el arte con el que las pregoneras promocionaban su producto.

Los premios se los repartieron María Iruretagoyena, pasaitarra de 64 años, y Micaela Elizalde, vecina de San Sebastián. Ambas presumieron de vozarrón, talento para la rima y décadas de experiencia. Lástima que ganaran convertidas en reclamo turístico, en una curiosidad propia de tiempos que ya no volverían.

por ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

El Diario Vasco

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