EL PAN, LA MIES, EL CEREAL… LOS HUMILDES MEJILLONES Y VAN GOGH…

por Celso Vázquez

Un poco de lúdica literatura…

Otra vez y cara al relajo que se avecina en esta época estival, volvemos a publicar un ameno, estimulante y delicioso artículo de nuestro amigo y colaborador el escritor, Ramón J. Soria Breña.

Esta vez nos lleva a un plano y viaje imaginario y sensitivo de campus del cereal, trigo, la mies del aromático y apetitoso pan al insigne y genial pintor holandés, Vincent VanGogh, a su interpretación y carácter en una bella y creativa comparación entre dos de sus cuadros. «Trigal con Cuervos» y «Bodegón con mejillones».

Les dejo con él.

Rafael Rincón JM

«PAN» I parte

«Van Gogh pintó muchas veces los campos de trigo. Un campo de trigo es un espacio en el que se puede acariciar el bienestar y la abundancia”. Entiendes por que dejamos de ser cazadores-recolectores y casi puedes oler el perfume de una hogaza recién cocida.

Estos días recomiendo salir de las autovías y tomar carreteras secundarias, enfilar cualquier carril y pasear junto a un campo de cereal, tocar las espigas maduras, ver los cientos de saltamontes que hay en los linderos, desgranar alguna, masticar un grano, teniendo cuidado con la paja…

El girasol comienza a verdear, apenas tiene una cuarta de altura y la lavanda comienza a enseñar su azul. Pero Vincent Van Gogh solo malvendió tres cuadros en toda su vida aunque ahora se paguen millones y millones por sus girasoles. Unos girasoles que se han amarronado, han perdido su amarillo por la mala calidad del pigmento que utilizó, pero eso al mercado del arte le da igual. 

Hoy hago turismo cerealista por Villarejo de Medina, ninguna agencia de viajes singulares vende aún esta propuesta. “Cantan” las cigarras y “trabajan” las hormigas. La brisa es fresca y las nubes inventan preciosos dibujos en este cielo mirado por nadie.

Ya se ve en los mercados la especulación en torno al cereal panificable (no destinado a piensos) de la cosecha del año pasado, porque la nueva cosecha se está comenzando a segar y procesar. Rusia venderá sus stock al más alto precio, Ucrania con sobrecostes por el transporte y tendrá complicado sacar adelante la cosecha de este año y que suba el pan en nuestras tiendas unos céntimos no nos importará mucho.

Aquí nadie se mal alimenta de pan como hicimos durante muchos siglos. El año en el que yo nací cada ciudadano consumía 134 kilos de pan al año. Hoy apenas nos comemos 33 kilos por persona y gastamos 80 euros al año en barras de pan congelado o fresco o de molde.

Pero media África basa su alimentación en el cereal «barato» y hay más de treinta países que tienen una renta per cápita muy por debajo de los 2.000 dólares año y hasta por debajo de 1.000 como el Congo, Burundi, Rep. Centroafricana, Sudán, Uganda, Liberia, Gambia, Etiopía, Mali, Mozambique, Guinea, Malawi, Niger, Burkina, Madagascar…) Unos centimitos implican hambruna.

Es más famoso este campo de los cuervos que otros en los que hay mies recién cortada y segadores. A mi me gustan todos porque todos huelen a pan. Con ese olor siguen soñando millones de personas, para ellas el pan sigue siendo «sagrado».

Ya no lo recordamos pero por ese olor, tras milles de años de caminar, dejamos de ser nómadas».

«PAN» II parte

«Entonces los camarones, las ostras y los mejillones eran baratos. Vincent compra unos pocos (o los recoge entre las rocas de la orilla del mar o se los regala alguien…) y los pinta.

Imaginamos que luego se los come cocidos. Su amigo Gauguin escribirá en el cuaderno que: “Van Gogh vendió el cuadrito por cinco francos y tras cobrar, cuando sale a la calle, ve a pedigüeño desarrapado y le regala todo el dinero”. (Estas aclaraciones, más o menos, están al pie del cuadro, en el museo)

El depresivo, casi suicida, asocial, sifilítico, intoxicado por el plomo de sus óleos y bebedor de absenta, Van Gogh, nunca imaginó que una pintura suya se vendería en la casa de subastas de Christie’s por 28.791.399 de dólares. Más de veintiocho millones por una docena de girasoles pequeños, de secano, de esos que dan una pipas raquíticas que no se pueden comer, que solo valen para quién sabe, adornar la desolación de un triste artista.

Encima ni siquiera eran amarillos porque el pigmento de óleo a base de cromo y azufre, el amarillo intenso y luminoso que utilizó Van Gogh y que nosotros admirábamos en el campo, se había degradado por el efecto de la luz hasta quedar convertido en un marrón feo, de girasol reseco y manchego, de esos que ni siquiera se cosechan, por fortuna para las torcaces.

Por eso prefiero este humilde marisco que ha conservado sus colores y que vendió el pintor por cuatro perras. Tras el sofrito añado los mejillones que he abierto al vapor. Los colores se salen de la sartén, como en cualquier obra de Vincent. La pintura está el museo de Amsterdam. Conmueve la economía de las pinceladas y el propio concepto de este bodegón precario que se comió el artista y esos cinco francos que regaló, un gesto “de loco” del que no sabríamos nada si no lo hubiera escrito Paul…

Hoy los mejillones siguen siendo un marisco asequible, pero seguro que muchos no comprarían esta pintura por cinco francos si no supieran que podrían revenderla por millones».

por Ramón J Soria Breña.

Escritor y antropólogo especializado en alimentación y cocina pasional, rural y silvestre.

Curioso viajero nómada y relator de cuentos y novelas gastroardientes.

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Los dientes del corazón.

El barco caníbal.

Los Ríos salvajes.

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