HISTORIA Y RAZONES DEL PORQUÉ Y CUÁNDO LA LECHE TRANSFORMÓ Y MEJORÓ AL HOMBRE OCCIDENTAL

por Celso Vázquez

No, no, estamos locos, nos gustan los lácteos. Nos referimos a la inmensa mayoría de los humanos europeos y medioasiáticos que conformaron el pensamiento y cultura occidental. Y también en todos los pueblos, clanes, tribus y etnias de sustento ganadero.

En momentos tan extraños y pusilámines  donde abunda el esnobismo borreguista y cuando la  seudociencia, las modas tontas y las teorías extravagantes intentan demostrar lo indemostrable, los perjuicios del consumo de leche y sus derivados, vejando y maltratando a uno de nuestros alimentos base, factor activo y nutritivo fundamental en las sociedades occidentales y del Medio Oriente, es necesario dejar algunas cosas claras y estas lo son.

(ver nuestro artículo al respecto: https://eltrotamantel.es/la-leche/).

Es decir, de una virtud positiva, el haber desarrollado en nuestra evolución la tolerancia a la lactosa, la presentan ahora como un mal.

La leche, incluido su azúcar natural, la lactosa, es un magnífico nutriente positivo y hacedor de humanos más sanos, desarrollados, más saludables, inteligentes, fuertes y altos. Sepamos que gracias a ella el hombre es hoy el que es.

El hecho histórico

LOS PUEBLOS QUE TOMAN LECHE SE DESARROLLAN MÁS, DOMINAN Y SON MÁS SANOS

Se sabe que, desde el Neolítico, siempre los pueblos ganaderos, muchos nómadas, fueron más fuertes y expansivos que los pacíficos y sedentarios agricultores.

Uno de esos milagros fue la adaptación de nuestro aparato digestivo y nutricional para poder digerir leche.

En realidad fue así cuando, entre otras cosas, en el neolítico, ante la creación de los primeros asentamientos granjeros y campesinos y de ganaderos, antes nómadas o trashumantes, llevaron e impusieron, gracias a la aparición de los animales mamíferos domésticos, en esas zonas, al consumo habitual de leche de otros animales. Con este revolucionario cambio de su alimentación, el euroasiático, se transformó, en apenas 3.500 a 4.000 años. Y ello llevó a un mayor desarrollo, humano (artes, ciencias técnicas y avances prácticos) y a su predominio en la historia universal del mundo.

Ejemplos

Si revisamos la historia y geografía humana mundial veremos que ha sido así en general. Se dice que los ganaderos, comedores de carne y leche, eran más violentos y guerreros, más salvajes e incultos y en buena parte de los casos, al principio, así fue y lo es. Pero también sabemos que éstos una vez conquistan un pueblo más pacífico, culto y desarrollado eran en dos o tres generaciones, a su vez, absorbidos y conquistados por ellos.

Como ejemplo los bárbaros y violentos ganaderos mogoles, alimentados casi exclusivamente de las carnes y las leches de sus ganados, principalmente caballar, conquistaron China y casi toda Asia, en apenas 100 años, pero ya a los 40 o 50  años de la conquista fueron absorbidos por la cultura y modales del imperio chino. Así Kubilai Kan, 1215-1294, nieto de Gengis Kan, 1162-1227, se presentaba al mundo como emperador chino, de la dinastía mogola, Yuan o Song, claro, pero ya Marco Polo lo describió como el gran Emperador del Gran Kanato de China y buena parte de Asia.

Pero otro ejemplo contrario es en la ya desarrollada cultura helénicoromana, cuando Roma, antes una agresiva tribu guerrera de pastores ganaderos del Lacio, incorpora en sus dominios su dieta romana incluidas la leche y sus lácteos a través de sus legiones y colonos y al tiempo que su Alfabeto, el Derecho, el Latín, su Cultura y Ciencia, sus Vías de transporte llevaban sus ganados y los lácteos son expandidos y asentados en todo el Mare Nostrum y Centro Europa.

Pero mucho antes, miles de años antes, fue desde Asia, cuando muchos pueblos presionados por otros o en conquista constante se expandieron paulatinamente por Europa, unos a través de los Urales, a Europa a través de las hordas indomogolas, la yamná (+ – 7.500 años, la roja en la foto) Y otros, los indoarios, a través de Anatolia, Tracia y el Peleponeso (+ – hace 4.200 años, la azul) y desde aquí y con los siglos a todo el mundo de cultura occidental.  Otros, más postreros, por el montañoso Cáucaso, los hunos a los Balcanes o los mogoles de la Horda de Oro a Ucrania y Besarabia. 

Los bárbaros, hunos, godos, galos, etc. ya tomaban lácteos y su influencia, desde entonces, ha permanecido en nuestra dieta. Bien en leches, mantequillas, azurones o requesones o matós, en kefires y yogures, quesos blancos recientes tipo Burgos, quesos etc.

En África los pueblos antiguos apenas la consumian y no existía, ni existe, casi, en sus dietas autóctonas, salvo, por supuesto, en los países del Mediterráneo sur y ciertas zonas del Mogreb (ganaderos de ovejas, cabras y dromedarios) y en otras reducidas zonas ganaderas, del Niger, Zaire (Congo), Nilo, o Sudáfrica donde también los pueblos ganaderos se imponían a los asentados para terminar siempre asimilados.

Algo parecido pero en menor escala (culturas mucho menos ganaderas) sucedió en América del norte, donde las tribus nómadas, con caballos y ganados, desde la llegada de los europeos, siglo XVI, de las grandes planicies y llanuras del centro oeste, comanches, sioux, pies negros o utahs, fueron presionando a pueblos más sedentarios como los navajo, los pueblo o los apaches (estos últimos emigraron al sur y ya denominados aztecas fundaron Tenochtitlan hoy México, subyugando a las culturas antiguas más pacíficas de la región).

Son los europeos, entre el XVI y el XX, en su colonización por todo el mundo los que llevaron ese sistema de granja, agricultura y ganadería combinados, y con ella la elaboración de lácteos, potenciando su consumo de forma universal.

Hoy es muy común en todo América y en estos últimos 500 años, el queso es parte normal de la dieta del pueblo y son infinidad los platillos que llevan el queso como ingrediente principal, muchas veces como única proteína, por eso se llamaba al queso blanco como la proteína del pobre.

Pero todo empezó hace mucho tiempo…

Cuando los humanos aprendieron a digerir la leche.

Los grandes y perpetuos movimientos de población favorecieron la llegada de variantes de genes que facilitaron la supervivencia de los agricultores y ganaderos.

Mucho tiempo después del final de la última glaciación, hace entre unos 8.500 y 10.000 años los pocos habitantes de la hoy Europa sufrieron unas grandes migraciones y con ellas una revolución alimenticia proveniente de Asia. LA POSIBILIDAD DE DIGERIR LA LECHE DE OTROS MAMÍFEROS, COMO ALIMENTO.

Pasaron de vivir solo de lo que podían recoger y cazar en la naturaleza, a aprender lo necesario para cultivar y cosechar algunas plantas para su alimentación, especialmente cereales.

Además, aún continuando con la caza, comenzaron la domesticación de animales, lo que les proporcionó más carne de forma continua en su dieta y una forma de conseguir, aparte de pieles como vestimenta y abrigo, como sustento carne y leche, y con ésta surgió el queso.

Un estudio realizado por investigadores internacionales, y en el que han participado científicos del CSIC, ha identificado algunos de los cambios genéticos más importantes que sufrieron los europeos de entonces y que les convirtieron ya, en algo muy parecido a lo que son hoy.

La investigación y tesis, publicada en la revista «Nature», concluye que hubo cambios que afectaron a su alimentación y por ende al sistema inmune, fisiología y a su altura.

Entre estos, uno de los más importantes, singular,  fue el que les permitió,  hace unos 4.000 años, a aquellos primitivos europeos digerir la leche durante la edad adulta.

«Se trata probablemente del rasgo que presenta una mayor ventaja para la supervivencia de los europeos», explica Carles Lalueza-Fox, biólogo evolutivo de la Universidad Pompeu Fabra e investigador del CSIC que ha participado en el estudio.

«La leche era un recurso alimenticio muy rico, fijo y seguro. Cuando había una mala cosecha o un invierno muy largo, podía permitirles sobrevivir», añade.

Así, mientras que aquellos que no podían o no tenían para alimentarse de la leche cuando eran adultos tenían una menor probabilidad de supervivencia, que los que sí podían y tenían una ventaja que facilitaba que transmitieran sus génes a la descendencia.

Gracias a este proceso, que se conoce como selección natural, la evolución favoreció la aparición de una variante genética que permitía la digestión de la leche a través de una enzima llamada lactasa.

Piel más clara y menor estatura

Pero la agricultura y la ganadería también provocaron la aparición de otros cambios genéticos, aparte de la recién adquirida capacidad de digerir leche.

En total, los investigadores han identificado la aparición de 12 variantes genéticas que transformaron al humano cazador en un humano mejor adaptado a las nuevas circunstancias del Neolítico.

Entre estas, han hallado mutaciones relacionadas con la piel clara de los europeos actuales pero que estaban ausentes en las poblaciones de cazadores-recolectores primitivas, anteriores a estos cambios, como las representadas por el hombre de La Braña, un leonés de piel oscura y ojos azules.

«Detectamos que con el Neolítico llegó la pigmentación clara, a causa del cambio de dieta. Con la agricultura se empezó a comer mucho más vegetal y se dejó de ingerir tanta carne en forma de vitamina D, y era necesario suplementarla a través de la radiación solar. Y la piel clara favorece este proceso», explica Lalueza-Fox.

Más defensas

También se han identificado variantes genéticas relacionadas con la disminución de la estatura que experimentaron aquellos europeos, y que quedó más fijada en las poblaciones del sur de Europa, sin que se sepa hoy en día por qué.

«Podría tratarse de una cuestión de recursos y de nutrición», puntualiza el investigador del CSIC.

Además, aparecieron nuevas mutaciones que protegían frente a los perjuicios de una dieta basada en solo uno o dos tipos de cultivos y que cambiaban el funcionamiento del metabolismo, por ejemplo alterando el proceso de procesamiento de los ácidos grasos.

Por último, aparecieron variantes genéticas que preparaban al sistema inmune para proteger frente a los nuevos patógenos que llegaron con la convivencia con el ganado y con la vida en asentamientos mayores.

Entre estos, Lalueza-Fox menciona la gripe, la varicela, la viruela y el sarampión.

Todos estos hallazgos se han hecho después de analizar los genomas (conjuntos de genes) de 230 individuos que vivieron durante la Prehistoria europea.

A diferencia de los estudios anteriores, en esta ocasión se ha hecho una prueba que permite analizar la naturaleza de regiones concretas del genoma en combinación con una nueva técnica de extracción de material genético que permite obtener una cantidad de ADN 700 veces mayor que lo conseguido con otras técnicas.

La «esencia» de Europa

Con todo, este perfil genético permite entender cómo influyeron las nuevas condiciones que llegaron con el Neolítico:

«Los datos obtenidos son fundamentales para comprender el papel que han jugado las adaptaciones culturales en la configuración genética de las poblaciones europeas de la Prehistoria reciente», afirma Lalueza-Fox.

«Es como ver a la selección natural actuando en tiempo real. Este análisis nos permite asociar la selección con cambios ambientales específicos», añade Iain Mathieson, el primer autor del estudio e investigador en el Harvard Medical School.

El origen, Tigris y Eúfrates

Si la revolución cultural del Neolítico cambió los genomas de los europeos, los científicos también han encontrado evidencias en los genes de que los primeros granjeros procedían, de Anatolia, Hititas, en la actual Turquía, y deEgipto faraonici, así como procedían del «Creciente Fértil», en los valles del Tigris y del Eúfrates, Sumeria, Babilonia. Realmente no se sabe donde fue primero, pero hasta hoy la muestra o prueba escrita más antigua de ordeño está en un panel de piedra de cuatro pies de largo que se encontró en las ruinas de un templo cerca de Babilonia, y se estima que tiene entre 5,500 a 6,000 años de hecho.

Así, junto a la «esencia» de cazador que dominaba a los primigenios europeos, el Neolítico incorporó la influencia genética de los granjeros.

Por otro lado, en este y otros estudios hay indicios de que los grandes movimientos de población del Este incorporaron también los genes de los nómadas de la estepa. Téngase en cuenta que hasta el siglo V la presión del este fue tremenda, por el norte a través de Rusia los mogoles empujaron a los denominados bárbaros, eslavos, godos, alanos y germanos, y por el sur los diferentes pueblos turcos hasta Constantinopla, hoy Estambul.

Incluso en la remota Iberia, la actual España y Portugal, en el extremo occidental y más alejado de estas influencias, todo ese influjo acabó transformando para siempre a los habitantes, la esencia y el corazón de Europa.

Es por eso que consideramos que esta científica y empíricamente demostrado que LA LECHE COLABORÓ Y PERFECCIONÓ AL HOMBRE ACTUAL.

Escrito por Gonzalo Sánchez Idabia con aportes de Rafael Rincón JM

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