LA GANADERIA RURAL. JUGAMOS CON FUEGO…

por Celso Vázquez

        «Un sector primario, necesario e imprescindible, para nuestras vidas y el futuro de nuestros hijos, en Franco peligro de extinción»

NOS ESTAMOS VOLVIENDO LOCOS.

No sabemos lo arriesgadas y peligrosas que son las posturas ante este problema, bien por dejadez y molucie social, bien por descerebrados políticos, que se la cogen con papel de fumar, con posturas seudocientíficas absurdas, ideológica ente sectarias y de corto desarrollo pero letal resultado.

La huida masiva a las grandes ciudades y el absurdo desapego del medio rural, en busca de una vida mejor y con mayores comodidades ha provocado una masificación urbana y un grave problema de desconexión con la población del medio rural, en caso todo el mundo pero especialmente en los viejos países desarrollados occidentales como España.

Las nuevas generaciones de jóvenes urbanos han perdido totalmente el contacto con el mundo agrario, con la naturaleza y el reino animal en buena parte abducidos por campañas perniciosas y absurdas de iluminados dirigentes y unos medios apesebrados y coparticioes. Desconocen por completo cómo se desarrolla la vida de la población humana en el mundo rural y una actividad que permite y permitirá su propia supervivencia: la ganadería.

Esta locura casi suicida, en plazos cada vez más cortos, radical animalista, a su vez apoyándose en supuestos motivos éticos o de conciencia, ha originado una ignorancia absoluta sobre las necesidades y vivencias del medio rural, con el nacimiento de nuevas tendencias en alimentación humana como el veganismo extremo, prescindiendo de los alimentos de origen animal y poniendo en el disparadero a un sector tan vital hasta ahora en nuestra alimentación, vida y futuro, como la especie de los seres humanos, como es la ganadería a la que además se le han añadido ahora burdas, por exageradas, acusaciones de responsabilidad en el cambio climático.

Ya hemos hablado tantas veces del tema, que tanto nos preocupa, que puede, por manido, caer en saco roto. Pero, no, queremos seguir incidiendo y mucho, en denunciar esta gran y letal calamidad anunciada.

Sobre este interesante y urgente tema trata el excelente libro, con razonamientos, empíricos y científicos, verdades como puños que preceden y confrontan con la ñoñería seudoinfantil y falsa de los radicales animalistas.

Óscar Caso, con gran experiencia en el medio rural, como veterinario, a pie de campo, y que ha visto evolucionar y conoce perfectamente las coyunturas y realidades de este tema y nos lo cuenta, sin pasión, anteponiendo con lógicas razones bien desarrolladas y claras las absurdas acusaciones de esos fanáticos.

Por fin aparecen mensajes sensatos en este dislate disparatado que además es apoyado por políticos noveles, de ‘cuello blanco’ y despacho con moqueta, ignorantes de la realidad del campo e inexpertos en su filosofía de imponer lo supuesto, por ellos,  políticamente correcto.

Les dejamos con un capítulo entero, largo pero muy interesante, de su libro de imprescindible de lectura…

RRJM. El Trotamanteles.

LA GANADERÍA

En estos últimos tiempos se ha atacado a la ganadería, sobre todo a la ganadería intensiva, desde 3 puntos de vista: maltrato animal, productos de origen animal poco saludables y causante del cambio climático.

Se identifica a la ganadería, sobre todo a la ganadería intensiva, con maltrato animal. Se ha llegado a calificar habitualmente a los productos de origen animal como productos “no éticos” o procedentes directamente del maltrato animal.

Primero, y esto debe quedar meridianamente claro: los productos para alimentación humana procedentes de la ganadería practicada cumpliendo todas las normas sanitarias y la legislación vigente en materia de bienestar animal son absolutamente éticos.

La ganadería la practica el ser humano desde hace miles de años con la única finalidad de obtener alimento de los animales, bien a través de su carne mediante su sacrificio o bien a través de algún otro producto obtenido de ellos. La ganadería ha sido uno de los pilares fundamentales en el desarrollo de la humanidad.

No puede haber unas personas más interesadas en el bienestar de sus animales que los ganaderos. Es perfectamente comprensible que cuanto más sanos y en mejores condiciones se encuentren sus animales mayor rendimiento obtendrá de ellos el ganadero, el ganado es su modo de vida, su sustento y el de su familia.

Se acusa a los ganaderos de “cosificar” a los animales, de tratarlos como si fuesen objetos, de explotarlos y de obtener un rendimiento económico a costa de ellos, a costa de “seres sintientes” con los mismos derechos que el propio ganadero.

Una cosa es cosificar y otra humanizar, no es ni una cosa ni la otra, de lo que realmente se trata es de animalizar, es decir, de tratarlos como lo que son: animales, no son cosas, pero tampoco son seres humanos.

Un animal doméstico siempre tiene una finalidad para el hombre, desde una mascota que proporciona compañía hasta el animal que es sacrificado para obtener de él un alimento.

Todo el mundo debe comprender que una vaca que ya no da leche o una gallina que ya no pone huevos, es decir, animales que han perdido ya su capacidad productiva, no pueden seguir siendo mantenidos hasta que se mueran, primero por motivos económicos y segundo por motivos sanitarios.

¿Qué se debería hacer sino cuando se termine su vida productiva?

¿Esperar a que se hagan viejas y mueran por enfermedad, pero mientras seguir alimentándolas altruistamente?

Para un ganadero, cuyo sustento vital depende de la productividad del animal, ya no tiene sentido seguir manteniendo a ese animal si ya ha terminado su ciclo productivo, porque ya ha alcanzado la edad adecuada para su sacrificio o porque ya ha dejado de producir.

En cualquier caso, si alguien tiene la capacidad de adquirir y mantener, por ejemplo, 5.000 gallinas que ya han dejado de poner huevos para evitar que las sacrifiquen, es bien seguro que ningún ganadero pondrá pega alguna a que se las lleven, incluso gratuitamente.

No se debe olvidar tampoco que en estas gallinas que ya han dejado de producir y son llevadas a sacrificio, este no es realizado en vano, las gallinas no serán productos de desecho, también tendrán una utilidad productiva como producto cárnico.

Los animales de ganadería no son mascotas, estas tienen otra “utilidad” para el ser humano y no es una utilidad productiva, de ellas no se obtiene un producto, se las mantiene a cambio de compañía o incluso altruistamente por motivos humanos, por lo que sea, pero no olvidemos que finalmente también suelen ser sacrificadas mediante eutanasia, sea para evitar su sufrimiento, sea por enfermedad, por suponer un riesgo infeccioso para el hombre u otros animales, o por ser un peligro por su agresividad o violencia u otros.

La crisis del coronavirus llegó justo en el momento en el que ganaderos y agricultores llenaban las calles de las ciudades españolas para protestar por estar siendo ninguneados, por no poder llegar a cubrir ni los costes productivos, por estar al borde de la ruina. Tuvo que llegar una crisis de este calado para que la población se diese cuenta de la verdadera importancia en una sociedad urbana de la ganadería y de la agricultura, que los tenía, no solo olvidados, sino arrinconados y acusados de prácticas como el maltrato o de ser causantes del cambio climático.

Cuando estalla una crisis tan grave el factor más importante después de la salud es la alimentación de la población, y esta solo puede realizarse a través de la agricultura y de la ganadería.

En situaciones así todo lo que no sea la propia producción de alimentos sobra, carece de importancia y además hace aflorar la realidad del sector: ni realmente hay maltrato ni son los causantes principales de la contaminación.

Se acusa también a los productos de origen animal, y a la carne en particular, de ser alimentos poco saludables e incluso perjudiciales para la salud humana.

El hombre ha consumido carne desde el primer momento en que fue capaz de hacerlo, capaz de sacrificar animales por sus propios medios para alimentarse de ellos. La proteína de la carne se puede calificar como el pilar alimentario fundamental en el desarrollo de la humanidad.

El ser humano se considera omnívoro, pero es preferentemente carnívoro. Su anatomía y su fisiología, su sistema digestivo, es similar al de los mamíferos carnívoros, no al de los herbívoros, es como el del león, no como el de la vaca.

En las generaciones actuales se observa cada vez más la aparición de alergias de todo tipo, también alergias a muchos alimentos: a los frutos secos, al marisco, al gluten y otras muchas, pero curiosamente, no es nada frecuente, por no decir que no se observan en absoluto, alergias a la carne.

Habría que preguntarse el porqué. La respuesta es sencilla: nuestro organismo está perfectamente preparado para alimentarse de carne.

Hoy en día, en los países desarrollados, se puede prescindir de la carne y de los productos de origen animal en la alimentación humana ya que la sobreabundancia de alimentos de todo tipo permite suplir casi todas las cualidades nutritivas de estos productos con otros de origen vegetal.

Pero en una situación de déficit o carencia de alimentos, en una situación de pura supervivencia, la genética humana nos llevará a la búsqueda de proteínas y calorías, a la búsqueda de productos que “alimenten y aporten”, esto es: un animal, un mamífero, un ave, un pez, algo que “se mueva” y siempre con prioridad frente a una fruta, unas raíces o unas hojas.

En los náufragos, como se puede observar en estos programas realities de supervivencia tan de moda últimamente, los individuos buscan siempre afanosamente alimentarse de cualquier animal o cosa que se mueva, preferentemente peces y luego cangrejos, erizos de mar… y eso que de vegetales y árboles de todo tipo se encuentran rodeados en abundancia. Y porque no alcanzan a cazar un conejo, si no…

La búsqueda de alimentos protéicos y calóricos está en los genes del ser humano y las situaciones de necesidad hacen a este volver al mundo animal y olvidarse de los componentes superfluos y sin sentido que envuelven a las sociedades modernas en el campo de la alimentación.

Y por último, y a veces se pasa por alto, pero debería ser un importante factor a considerar, está el disfrute de un alimento de este tipo, de un alimento de origen animal. Esta afinidad genética carnívora del ser humano está catalizada por el placer de los sentidos, el sabor y el olor de un producto como el jamón ibérico, de una chuleta a la brasa, de unos huevos fritos, de un besugo a la parrilla, de un maravilloso bizcocho, de tantos…

Ya más recientemente se ha acusado a la ganadería de ser uno de los principales responsables del cambio climático y de la contaminación del planeta.

Parece una acusación interesada dirigida desde sectores verdaderamente contaminantes. 

Se acusa también a los productos de origen animal, y a la carne en particular, de ser alimentos poco saludables e incluso perjudiciales para la salud humana.

El hombre ha consumido carne desde el primer momento en que fue capaz de hacerlo, capaz de sacrificar animales por sus propios medios para alimentarse de ellos.

La proteína de la carne se puede calificar como el pilar alimentario fundamental en el desarrollo de la humanidad.

El ser humano se considera omnívoro, pero es preferentemente carnívoro. Su anatomía y su fisiología, su sistema digestivo, es similar al de los mamíferos carnívoros, no al de los herbívoros, es como el del león, no como el de la vaca.

En las generaciones actuales se observa cada vez más la aparición de alergias de todo tipo, también alergias a muchos alimentos: a los frutos secos, al marisco, al gluten y otras muchas, pero curiosamente, no es nada frecuente, por no decir que no se observan en absoluto, alergias a la carne. Habría que preguntarse el porqué.

La respuesta es sencilla: nuestro organismo está perfectamente preparado para alimentarse de carne.

Hoy en día, en los países desarrollados, se puede prescindir de la carne y de los productos de origen animal en la alimentación humana ya que la sobreabundancia de alimentos de todo tipo permite suplir casi todas las cualidades nutritivas de estos productos con otros de origen vegetal.

Pero en una situación de déficit o carencia de alimentos, en una situación de pura supervivencia, la genética humana nos llevará a la búsqueda de proteínas y calorías, a la búsqueda de productos que “alimenten y aporten”, esto es: un animal, un mamífero, un ave, un pez, algo que “se mueva” y siempre con prioridad frente a una fruta, unas raíces o unas hojas.

En los náufragos, como se puede observar en estos programas realities de supervivencia tan de moda últimamente, los individuos buscan siempre afanosamente alimentarse de cualquier animal o cosa que se mueva, preferentemente peces y luego cangrejos, erizos de mar… y eso que de vegetales y árboles de todo tipo se encuentran rodeados en abundancia. Y porque no alcanzan a cazar un conejo, si no…

La búsqueda de alimentos proteicos y calóricos está en los genes del ser humano y las situaciones de necesidad hacen a este volver al mundo animal y olvidarse de los componentes superfluos y sin sentido que envuelven a las sociedades modernas en el campo de la alimentación.

Y por último, y a veces se pasa por alto, pero debería ser un importante factor a considerar, está el disfrute de un alimento de este tipo, de un alimento de origen animal.

Esta afinidad genética carnívora del ser humano está catalizada por el placer de los sentidos, el sabor y el olor de un producto como el jamón ibérico, de una chuleta a la brasa, de unos huevos fritos, de un besugo a la parrilla, de un maravilloso bizcocho, de tantos…

Ya más recientemente se ha acusado a la ganadería de ser uno de los principales responsables del cambio climático y de la contaminación del planeta. Parece una acusación interesada dirigida desde sectores verdaderamente contaminantes.

Se acusa al sector vacuno de ser el mayor responsable del agujero en la capa de ozono a causa de la exhalación del metano procedente de sus digestiones y al sector intensivo porcino de altas emisiones y contaminación de acuíferos por sus purines.

Todo esto por encima de toda la actividad propiamente humana: de las industrias, de los gigantescos parques automovilísticos, de los miles de aviones que sobrevuelan los cielos, de todas las calefacciones y aires acondicionados de ciudades y pueblos, de los plásticos, de los vertidos de todo tipo, de los residuos fisiológicos de toda la humanidad…

Podré extenderme en este aspecto, pero lo que sí se ha observado es que tras los confinamientos de toda la población humana a causa del coronavirus en países como China, España o Italia, los niveles de contaminación habían descendido a niveles históricos, y lo que es seguro es que la cabaña animal en estos países seguía siendo la misma que antes de la pandemia.

Podría ser entonces que no eran los verdaderos culpables de esta situación.

 Óscar Caso Colina

El libro: » LA DESCONEXION URBANA».

Ganadería, Animalismo y  Alimentación.

de Óscar Caso Colina. veterinario rural.

publicado por Letrame Grupo Editorial.

Información y pedidos:

Óscar Caso Colina.

ocasocolina67@gmail.com

precio: 15 euros

Comprar: https://www.amazon.es/desconexi%C3%B3n-urbana-animalismo-alimentaci%C3%B3n-Autobiograf%C3%ADa/dp/8418512326/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=la+desconexi%C3%B3n+urbana+letrame&qid=1605013524&sr=8-1

(#) Otro Capítulo: VIDA ANIMAL.

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