LA ÚLTIMA CLANDESTINA. SECTA GASTRONÓMICA DE ÉLITE REVELA SU PRIMER ENCUENTRO CULINARIO

por Celso Vázquez

por Celso Vázquez Manzanares

En una sinfonía de lujo inmersivo y exclusividad, La Última Clandestina emerge como un movimiento culinario de élite, una secta gastronómica cuya misión trasciende el acto de comer y se erige como un hito de la alta gastronomía.

Con un menú de 10 pases de exquisiteces, esta experiencia invita a sus comensales a un ritual donde el detalle y el misterio convergen en un banquete para los sentidos.

En el núcleo de La Última Clandestina se encuentra un propósito claro: transformar la experiencia gastronómica en un fenómeno integral y envolvente, mediante una iniciativa que debuta en el 15º aniversario de Zarcillo Restaurante y busca rescatar el arte culinario de la trivialización y la crítica, elevándolo a una dimensión de respeto y apreciación.

Álvaro García: líder de la secta gastronómica

Todo movimiento cuenta con un líder, y la secta del buen gusto no es excepción. Álvaro García, Chef de la Quisquilla y consultor gastronómico, aporta su visión estratégica, cultura del detalle y experiencia en la alta cocina, siendo la mente tras el concepto y la filosofía del evento. Su liderazgo y creatividad son esenciales para convertir cada cena en una vivencia que redefine los límites de la gastronomía y posiciona este nuevo movimiento como un activo de gran valor en el panorama culinario mundial.

El ritual: un camino hacia la revelación gastronómica

Este evento anual, celebrado cada vez en una ciudad distinta, selecciona a sus comensales con dos únicas opciones de acceso: recibir la invitación personal e intransferible que la organización envía por WhatsApp o como acompañante de alguno de los invitados.

Durante dos meses, los elegidos reciben pistas sutiles que construyen la anticipación, sin revelar el lugar del encuentro ni los detalles del menú.

El día señalado, los asistentes son recogidos en puntos preestablecidos en furgonetas negras con cristales tintados, y se les hace entrega de la indumentaria, consistente en una capa negra con capucha y una máscara blanca, logrando el anonimato total. Al llegar al lugar del evento, unos guías los dirigen en silencio. Cada uno recibe el número que determinará su asiento en la cena.

En un hall, se requisan los teléfonos móviles, depositándolos en cajas numeradas. Este acto simboliza la desconexión del exterior y la inmersión total en la experiencia.

El mensaje del evento, proyectado en un impactante vídeo introductorio, plantea una reflexión sobre la sociedad actual, consumida por la gula y la crítica constante, e invita a los asistentes a valorar el esfuerzo y la creatividad en la cocina.

Tras esto, un telón se levanta, revelando una impresionante mesa presidencial, adornada con lámparas venecianas, hortensias imperiales, vajillas de porcelana de Limoges, cubertería de diseño y cristalería de Riedel.

En un giro inesperado, los gourmets descubren que no se sientan junto a sus acompañantes. Los números asignados guían a cada uno a su asiento, fomentando encuentros y diálogos con otros miembros de la secta seleccionados para coincidir con perfiles afines. Esta distribución es un elemento clave del ritual, diseñado para romper barreras sociales y fomentar una experiencia compartida, pero profundamente individualista.

Espacios singulares convertidos en templos culinarios

Parte del alma de La Última Clandestina reside en la habilidad de transformar espacios únicos en templos culinarios. Cada ubicación seleccionada para los eventos encapsula una atmósfera única, cargada de historia, arte y misticismo, en línea con la filosofía de ofrecer una experiencia que trasciende lo convencional. Desde una galería de arte a un faro solitario, un castillo ancestral o una antigua fábrica, cada espacio es elegido por su capacidad de evocar sensaciones profundas y ser el telón de fondo que intensifica la experiencia gastronómica.

Como ejemplo, la primera Última Clandestina se celebró en una galería de arte contemporáneo en Motril, con litografías de grandes maestros como Miró, Picasso y Jaume Plensa, entre otros, creando un entorno donde el arte visual y la alta cocina dialogaban en armonía.

El menú de diez pases, oda al sabor y la creatividad

La cena fue una oda a la cultura del detalle y la creatividad. Cada plato del menú de diez pases, formulado por Álvaro García, maestro de ceremonias, y Antonio Lorenzo, chef invitado recomendado por Michelin, era una obra maestra en sí misma.

Iniciando con un aperitivo de quisquilla de Motril en consomé con apariencia de té, el menú llevó a los comensales a través de un viaje sensorial con platos como la ostra realzada con manzana ácida y escarcha de agua de pepino, y una envoltura mágica de codillo y anguila.

La merluza sutilmente atemperada, coronada con caviar de Riofrío, y la vaca con alcachofa al carbón eran solo algunas de las delicias presentadas en una cuidada y teatral atmósfera de lujo.

Los postres, verduras dulces y una delicada crema de castañas con helado de vainilla, cerraron una velada que brindó a los comensales una extraña sensación de placer y asombro, pues más que una demostración de técnica y sabor, La Última Clandestina es un testimonio del compromiso de García con la innovación y la excelencia en la alta cocina.

Testimonios: las voces de los comensales

Los testimonios de los asistentes revelan emociones y percepciones intensas mezcladas. Muchos describieron una sensación de abandono controlado, un desasosiego transformado en intrigante aventura. La incertidumbre dio paso a la sensación de estar inmersos en una película misteriosa, con figuras anónimas vestidas de forma inquietante.

«Sentí como si estuviera en una procesión, un ritual masónico o una escena de la película Eyes Wide Shut. Había un aire místico que nos envolvía», compartió una asistente. Otros expresaron su sorpresa al ser separados de sus teléfonos y acompañantes, un giro que, aunque desconcertante, fue una fuente de placer absoluto al sumergirse en la experiencia culinaria.

«La comida, el aroma de las flores, cada sorbo de champagne… fue un deleite sensorial. Y descubrir que las personas a mi lado eran tan compatibles con mis intereses fue la guinda del pastel», comentó otro invitado.

Tras los postres, muchos asistentes habían cambiado de perspectiva, captando el mensaje del evento: una invitación a valorar el arte y el esfuerzo detrás de la gastronomía.

Futuras ediciones: eventos para una élite selecta

La Última Clandestina se establece como una cita anual, cada edición celebrada en una ciudad diferente, reservada para la élite por su naturaleza selectiva y por una cuestión de precio, al rozar los trescientos euros por comensal. La asistencia a este evento culinario de primer nivel es una oportunidad limitada a los elegidos por la organización o propuestos por otro invitado. Fuentes cercanas a la directiva sugieren que la próxima edición se celebrará en Granada, con una experiencia aún más espectacular y enigmática.

Cacao, rotector de La Última Clandestina

Desde el primer mensaje que reciben los invitados hasta la enigmática recogida en furgonetas, pasando por la revelación del espacio de la cena, todos los elementos de La Última Clandestina han sido diseñados para sumergir a los comensales en un mundo donde cada detalle forma una narrativa mayor.

En este escenario, Cacao emerge como cerebro estratégico y creativo, demostrando gran habilidad para fusionar elementos de marketing, teatralidad y planificación de eventos que dan lugar a conceptos únicos. Además de la gestión logística, se ocupa de crear la atmósfera, asegurando que cada momento contribuya a la experiencia global, donde la gastronomía es solo un componente de un todo más rico y complejo.

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